sábado, 6 de junio de 2009

Leer poesía en la adversidad



Vignoli contra la pared por las distracciones.



-Sí, creo
en las palabras.
¿Acaso tenemos otra cosa?

Beatriz Vignoli.


Laura va en colectivo a hacer la compra de la semana. Como el viaje discurre apaciblemente, puede dedicarse a contemplar ese tejido hecho de casas, árboles y rostros puesto frente a sus ojos. Un cierto bienestar, una vaga armonía la acercan a ese amor moribundo, que fue encuentros furtivos en la plaza y zaguán y vestido blanco y luna de miel y ahora... ahora estalla: «yo soy tu gatita, tu gatita/ esa que explota como dinamita», escupido por el adolescente estéreo del nada adolescente chofer. Esa misma noche, Gustavo llega cansado del trabajo y en vez de destinar las pocas energías que le restan a interpretar esas oscuras ganas de otra cosa, esa angustia que ha anidado en su pecho, se pierde en los muslos de las bailarinas de Tinelli. Y por la madrugada, presa del insomnio, yo, doy vueltas en la cama. Y a cada vuelta, me hundo más y más en las galerías de mi pasado. Viscosa red mi pasado, hilada de errores, palabras no dichas, inviernos grises, grises también los veranos. Y en el momento en que podría haber descubierto algo, haberme siquiera asomado a alguno de los abismos de mi vida; estiro la mano y me enredo en el snake de mi celular.

Y pareciera que todo en nuestra cotidianeidad atenta contra la reflexión. Que, expandida la banalidad, nos hemos convertido en seres concretos. ¡Si hasta los que se dicen buscadores, tragan la aventura bajo la forma insípida de una droga de diseño! O que, como Clark Kent ocultaba su condición de súper héroe, nosotros nos empeñamos en ahogar nuestra humanidad. (Kill Bill vol 2: Bill clasifica a los superhéroes: de un lado, los que se “visten” para serlo; del otro, Superman, que sobre su traje azul deposita las ropas de la normalidad). Entonces, en este paisaje ¿qué lugar le cabe a la poesía?

Porque, digámoslo de una vez: no es sencilla la poesía. Y no lo es, desde el punto de vista intelectual, aunque tampoco –y esto es lo más importante- desde el emocional. Es decir, y perdóneseme el símil, la poesía es como un puente tendido para cualquiera, pero no en cualquier situación; pues hay momentos de tristeza o depresión en que atravesarlo sólo supone ir al encuentro de una idea, lo que a mi juicio degrada la experiencia estética. Y en esto juega un papel fundamental la figura del yo lírico, que en su ambigüedad produce esa indiferenciación entre el emisor y el receptor, esa que en muchas ocasiones nos impide distinguir si eso siempre estuvo allí –en el exterior- o surgió de nosotros. Me contaba un amigo la impresión que sufrió al descubrir que Cavafis había sentido/pensado lo mismo que él. Y yo recordé los maravillosos versos de Tamara Kamenszain: «ni siquiera el que transpiró en mi hombro/ tiene el número de teléfono», que podría refrendar cualquiera luego de una mala noche de cacería.

Es claro que me refiero aquí a esa lírica que, de tan visceral (altamente subjetiva según un amarillento manual de teoría literaria), genera en el lector la sensación de lo inacabado, de lo que está sucediendo. Traducido a imágenes: un poeta derramando junto a nosotros tinta, lágrimas y bilis. Esa lírica que no nos aparta de nuestros padecimientos sino todo lo contrario, los pone en primer plano, incluso los magnifica.

Comenta María Moreno que «al leer a Sylvia Plath es probable que el simple hecho de ir a la cocina a prepararse una taza de café nos pueda alentar a que miremos la tapa del horno con la rara atracción que las personas que sufren de vértigo sienten en los pisos decimonovenos». Y si pese a todo, aun en la tormenta, elegimos leer poesía ¿podría esta actitud calificarse de masoquismo literario? No, no y no. Masoquismo (sadismo en el caso de las profesoras que obligan a sus estudiantes) es seguir leyendo La fuerza de los Monterrey o empeñarse en hallar connotaciones superpowers en las jitanjáforas de Perlongher.

Leer poesía en la adversidad, creo, entraña otras cosas. ¿Valentía? En parte. ¿Narcisismo? En parte también. Porque, por ejemplo, se requiere de cierto coraje, ante los primeros signos de agotamiento de la juventud y las ilusiones, para ponerle el pecho a una afirmación tan rotunda como la de Beatriz Vignoli: «y ya no queda nada/ de todo lo felices y geniales/ que íbamos a ser». Narcisismo, porque así como dijimos que no es simple la poesía, también podemos aseverar que sus lectores solemos padecer de una inflamación notable del ego, sólo comparable a la que padecen quienes la escriben. Pues «¿Qué es un poeta? Un ser totalmente impúdico, siempre está hablando de sí mismo» (Abelardo Castillo). Porque tristes o no, desesperados o no, a los amantes de la poesía nos urge que nos hablen de nosotros o –mejor- que nos hablen a nosotros, nos digan la pena, la alegría que tenemos de estar en nuestros zapatos. En síntesis: queremos vernos como en un espejo en lo que leemos.

Entonces, Laura, Gustavo, yo mismo acaso hubiéramos encontrado mejores preguntas –sí, la poesía mejora nuestras preguntas-, en un poema que en un reggaetón, en unas chicas que, aunque muy guapas, están presas en la caja boba; o en las viboritas que se arrastran y ponen huevos en el juego de un teléfono celular.


POEMAS DEL LIBRO VIERNES, DE BEATRIZ VIGNOLI



NO ESTÁ TU CUERPO

No está tu cuerpo
teníamos la misma estatura


ya no
que el suelo olvide tus pies.


Hinchada de tu ausencia como un globo
se halla la noche.


ESCRITO EN LA MESA DE LUZ DE UN HOTEL ****

Por vergüenza de ser
pobre, me pasé media vida
escondiéndome
de mis amigos, no fuese que
murmuraran;
ahora ellos están
muriéndose
de todas esas
enfermedades nuevas,
raras,
ahora sí
los abrazo, pero ya no irradian
calor, sus caras están grises
-quiero decir, de un gris
oscuro – y ya no queda nada
de todo lo felices y geniales
que íbamos a ser.


EL PINO

Apagué los motores
y anduve a la deriva
¿cuántos años anduve
a la deriva, el motor apagado, ni
impulso ni gobierno, sin dirección?


Me recuerdo leyendo neones
a la vera de avenidas
desiertas. ¿Cómo pudo
nevarme encima todo este cansancio?
¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida?


Sacudo la cabeza como un pino. La nieve
no se va.


FUNCIÓN DE LA LÍRICA

Mi padre agonizaba
en un sanatorio con TV por cable.
Puse el canal de ópera
para amortiguar sus alaridos constantes.
Justo cuando Rigoletto abraza el cadáver
de su hija, debí tenerlo al viejo
para que no se cayera de la cama:
la doble simetría de la escena
me la volvió soportable.


BENTEVEO

¿Cuándo empezó a ser un lugar la noche,
un lugar, no una hora,
cuándo con su jarabe negro negro
entró a manchar la luz?

Bebíamos birras, tragábamos la sangre dorada de las horas.
Éramos el sentido del luminoso verano.
Fe en lo oculto, en genios que surgirían
de grietas singulares.

25 comentarios:

Vicky Diumenjo dijo...

Simplemente, inefable apología de la poesía... y como siempre me terminás convenciendo.. a mí que amo la "narratividad" de las cosas, a mí que huyo meterme en las profundidas del ser, me convocás a leer poesía y te felicito. Definitivamente, si me permitís, les voy a leer a mis alumnos del taller y de 5º tu artículo, para invitarlos a leer poesía. No conocía a Vignoli y es un gran descubrimiento. ¿Ves? gracias al blog, sigo teniendo mi recreo con vos a la distancia. un gran abrazo.

Bibiana Poveda dijo...

Excelente reflexión. Convocante, verdadera: ese juego de espejos entre el que escribe y lee poesía, con sus egos inflados y desinflados. Eso, mejorar las preguntas.
Gracias por hacerme conocer a Beatriz Vignoli.
Saludos maipucinos.

G. dijo...

Debo decir que has llegado a defender con las precisas palabras lo que pareciera dificil defender. Amigo, siga, contínue que el camino de la poesía, aunque complicado, trae más satisfacciones que el speed con vodka y gente nocturna (bah... depende, je). salutes!

Fernando G. Toledo dijo...

Sergio:

Cítote: «hay momentos de tristeza o depresión en que atravesarlo sólo supone ir al encuentro de una idea, lo que a mi juicio degrada la experiencia estética».

¿Podrías explayarte? No comprendo el punto. Sobre todo lo del «encuentro de una idea».

Otra cosa: el poema Escrito en la mesa de luz... está acompañado por unos asteriscos que no sé hacia dónde remiten.

Agus dijo...

La poesía, es verdad, plantea preguntas y muchas veces me ha pasado que me cuestan hallarles el camino.
Me encantaron los poemas y me encantó esa especia de preámbulo, me despierta a más preguntas o quizás respuestas que al fin encuentro.

sergio dijo...

Vicky: qué bueno que este pequeño texto te haya convencido de regresar a la poesía. Sé que lo tuyo es la narrativa (¡cuántas novelas leías por año hace unos años! Aquellas de las que hablábamos en nuestros recreos con cigarrillo en una esquina de Rodeo de la Cruz), pero también recuerdo que allá lejos y hace tiempo escribías poesía. Si retomaras, me daría por satisfecho. En cuanto a usar el texto, si sirve a los fines didácticos, hacelo. Es todo tuyo. Lo mismo que Vignoli, que ahora es nuestra.

sergio dijo...

Bibiana:(nunca me acostumbraré a que hay Vivianas y Bibianas): lo de “mejorar las preguntas” me lo sugirió una conversación con un amigo. Él leía un libro de autoayuda porque le daba respuestas a ciertos problemas personales que debía enfrentar y sentí que lo que yo buscaba en la lectura (especialmente en la de poesía) era preguntas, mejores preguntas.

Viernes es un muy bello libro de Vignoli. Los poemas colgados son los que más me gustaron y, nobleza obliga, lo que podía tipear en un rato.

sergio dijo...

Guillote:
La poesía, creo, no necesita que nadie la defienda. Ella es tan pero tan fuerte que se defiende sola. A lo sumo, y cada tanto, reclama -ella también vive en el mundo globalizado- un poco de publicidad, de luz pública.

¡Che, qué feo e ingrato quejarse del speed con vodka que tantas satisfacciones nos ha dado!

sergio dijo...

Fernando:
Hace poco, en las cercanías de mi onomástico –a mí eso de las fechas “especiales” me tira para abajo-, descubrí una forma de lectura un poco sosa que sin embargo he practicado durante años: la lectura en la que, dejando de lado gran parte del texto (los sonidos, las construcciones, las imágenes, todo lo que en circunstancias normales me produce placer) se centra en los “hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé” o “envejecer, morir,/ es el único argumento de la obra” (o sea la “idea”, generalmente terrible, melodramática) . De todos modos, aun en esas condiciones, me aferro al librito, porque sé que más tarde o más temprano (así de optimista soy) el gozo llegará.

En cuanto a los asteriscos en el poema de Vignoli, la primera vez que lo leí me planteé lo mismo que ud. Luego llegué a la conclusión de que funcionan como estrellas. O sea: "hotel cuatro estrellas". Si me equivoco, lo siento.

sergio dijo...

Agus:
Tal vez lo más humano que tengamos, y que deberíamos preservar, sea la capacidad de interrogarnos. En ese sentido, Beatriz Vignoli resulta muy estimulante.

Gracias por comentar y por linkear esta revista.

Gerardo dijo...

Yo sí creo en el masoquismo literario, y en el enamoramiento narcisista del lector...
Después de todo, nos enamoramos de quien anhelamos ser o bien de lo que tiene el otro, es decir, nos sirven de espejo y por eso nos enamoramos.

Fernando G. Toledo dijo...

Sergio:
Me sigue costando, pero creo entrever el punto al que querás llegar. A ver: la poesía es «tan exigente» que una lectura superficial nos otorga sólo la «idea general» del poema pero no su «aparato constructivo». Esa lectura superficial va entonces en desmedro del «efecto estético general», pues un poema no es sólo su «idea general».
Necesito saber si es eso lo que querés decir para yo mismo decir lo siguiente.

Proyecto María Castaña dijo...

Sergio:

Entro en la historia de Laura y Gustavo y me pregunto si alguna vez fueron lectores de poesía. Sin duda, sí hubo "poesía" en sus comienzos aunque ellos no hubieran pasado de leer algunos poemas sueltos de Becquer o Neruda. Es que la vida cuando se acerca a la reflexión y/o a la intensidad de emociones, se acerca, indefectiblemente, a la poesía. Ahí está lo étereo -patrimonio de los superman o superwoman- de este arte que se aleja de lo "concreto" y cotidiano a lo que te referís.
Me hizo gracia el comentario de María Moreno, ver un horno siempre, siempre me va a traer a los sentidos un pollo con papas. Ni vértigo, ni impulso suicida. Aunque no soy muy vital que digamos, me horroriza la idea de la muerte.
Vamos a algo serio sobre lo que quiero polemizar: a los amantes de la poesía nos urge que nos hablen de nosotros o –mejor- que nos hablen a nosotros, nos digan la pena, la alegría que tenemos de estar en nuestros zapatos. En síntesis: queremos vernos como en un espejo en lo que leemos. Mis urgencias no terminan en las tuyas. Yo creo que también la poesía puede hablarme de "lo otro", de esos zapatos que no voy a calzar -sí, soy una de las hermanastras-, de esos paisajes que no voy a conocer, de ideas, que, pese a todo lo pensado, aún puedan inquietarme. Vos hablás de de espejo, yo hablo de ventana. Vos, de catarsis y empatía; yo, de descubrimiento, doloroso y feliz apareamiento de lo nuevo.

Proyecto María Castaña dijo...

fe de erratas:
"Vos hablás de espejo" (el tartamudo es el teclado).

sergio dijo...

Gerardo:

Es verdad. Yo –mal- asocio el masoquismo sólo con el sufrimiento y le quito el costado placentero. Mutilo entonces el fenómeno. En ese sentido soy más masoca leyendo narrativa: novelas largas, densas, que me han hecho padecer pero en las que algún placer debo de haber encontrado (si no, no se entiende la constancia, ¿no?)

sergio dijo...

Fernando:

es exactamente lo que ud dice. Lo único que falta en su enunciación del problema es el estado de ánimo del lector. Todo este asunto parte de algo que le oí a Ana María Shua. Resulta que Shua en momentos de mucha angustia disfruta leer novelas angustiantes, porque la angustia de los personajes hace que ella olvide la suya. Y yo pensé que con la poesía sucede exactamente lo opuesto. En momentos de angustia leer poesía solo nos hunde más en nuestra propia angustia. ¿La razón? La diferencia entre un narrador y un yo lírico. En mi experiencia como lector de novelas, aunque me haya identificado con el personaje, siempre sentí la distancia del que observa, del fisgón. Con ciertos poemas, no (obviamente no me refiero ni a la poesía épica ni a Girri, ni a Juarroz). Y todo viene por el lado de Sylvia Plath que me resulta tan amarga (“Esa poesía es una herida abierta” dice María Negroni) y tan maravillosa.

sergio dijo...

Paula, hermanastra de la pobre Cenicienta:

Es probable que en la vida de mis personajes (hablando así me siento un novelista) no haya habido mucha poesía. Lástima por ellos. Hubiera estado bueno que tuvieran mejores profesores de lieteratura. A nosotros, por ejemplo. Jajaja.


En cuanto al asunto que ud plantea, al mirar por una ventana, ¿no le parece que esa función la cumple mucho mejor la narrativa? O sea, es muy difícil trasladarse al mundo, las costumbres de un poeta lírico, y , en cambio, un puede perfectamente instalarse en la Rusia del siglo XIX de la mano de Tolstoi. ¿O me vas a decir que aprendiste algo del Uruguay de los 50 leyendo a Idea Vilariño?

ivana dijo...

Querido Sergio:

Luego de tu imperativo, aquí estoy. Lectora fiel de la revista, anónima antes, estoy estrenando cuenta. ¡Veo por otros comentarios que lográs imposibles!
La poesía es compleja, no apta para los tiempos "adversos" como dices en tu título. Coincido. La mayor dificultad, pienso, reside en que enfrenta al hombre mismo con su esencia, su historia, su emotividad, y "sus preguntas" esas que nadie quiere hacerse. Justamente, acotás que ES lo más humano que tenemos y quizás por eso la sociedad está deshumanizada. Preguntarse demanda tiempo. ¿Y para qué someterse a algo que probablemente deje un sabor amargo? diría cualquier Gustavo. En este "time is money" que vivimos, para que invertir y ¿perder? Gustavo piensa: "pare de sufrir", cierra el libro y toma el control grandote de direcTV.
¡No importa si es cosa de valientes, narcisistas o masoquistas! En definitiva, siempre será métier de una élite -no me refiero a status, sino a sensibilidades diferentes-. Aunque aclaro, trabajo siempre – y lo hemos hablado- tratando de tender "puentes" hacia ella en el aula.
Comentario aparte: lo efectista de tu “preámbulo” fue que mientras reflexionaba me dieron muchas ganas de leer algún bello poema, y ahí nomás me tendiste los de Vignoli!! ¡Gracias!
Finalmente, un comentario de otro plano: me reía porque tu prosa es a veces compleja como algunos de tus versos y en el mismo párrafo de don Fernando T. tuve las mismas dudas. Salvadas.
Un abrazo.

sergio dijo...

Ivana:

No sabés lo que me cuesta comentarte. Por varias razones. La primera, porque definitivamente no tengo una respuesta elaborada respecto de la elite lectora de poesía. Lo único que se me ocurre es un poema de Wislawa Szymborska
A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA

A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatorio,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.
Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.
La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una respuesta insegura
ha habido a esta pregunta.
Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.



Segundo: qué bueno que mi preámbulo te haya acercado a la voz de Vignoli. Es muy interesante su poesía. Yo se la debo a Hernán (me regaló un libro y me prestó dos. Bueh, nadie es perfecto)

Tercero: con eso de que mi prosa es difícil ¿no estarás sugieriendo que soy enroscado, verdad? ¿Será que cada uno es como dios lo hizo y a veces mucho peor?

Todos los que hacemos esta revista agradecemos tu constancia como lectora, tu difusión en FF y L y esperamos nuevas intervenciones como comentarista. Un abrazo enorme.

Fragaria Vesca dijo...

Muy bueno su artículo, Pereyra. Quizá podríamos parafrasear a Peri Rossi y afirmar que la poesía "es una droga dura". Una dosis no alcanza. Uno sigue consumiendo.

sergio dijo...

Fragaria: yo no sé mucho de drogas -duras-, pero si ud lo dice, confío. En cuanto a las paráfrasis de Peri Rossi, yo podría decir: "Todo lo que sé de MÍ/lo aprendí en los libros."

Proyecto María Castaña dijo...

Para Ivana

Estoy leyendo un arduo e interesante libro de Gastón Bachelard: LA POÉTICA DEL ESPACIO. En el comienzo dice algo muy interesante -no cito textual porque esa es tarea de Pereyra-: quien lee poesía es un lector feliz, independientemente del drama que carguen las imágenes poéticas.
Para el que le interese el combo filosofía+poesía, es un texto que aborda el género desde la fenomenalogía.

ivana dijo...

Para Proyecto María Castaña:
Muchas Gracias por el dato de
Bachelard. Lo he agendado y me encantó el hecho de que por este medio se disparen tantas propuestas de lecturas!! Saludos.

Hernán Schillagi dijo...

Sergio: cómo he disfrutado de tu nota y de cada comentario. Que alguien te agradezca por hacerle conocer una poeta es signo de que las cosas no están tan mal.

En cuanto a tu nota, está muy bueno cómo lo cotidiano dispara para poder entender un poco por qué la lírica es un pez resbaladizo y rabioso. Creo que Kerouac decía que la literatura profundiza el dolor (tanto al escribirla como al leerla). Pero también pienso en Liliana Bodoc que decía que muchas decisiones de su vida las hizo aferrada a un poema. Para proponer luego en "Los días del fuego" que es el único camino para conocer la verdad.

Sí, un poema es un espejo, pero borroso. Tanto que creemos que las cosas las escribió otro, cuando en realidad estaban dormidas dentro nuestro.

Flaheé con el poema de Wislawa Szymborska. Es un poco lo que he tratado de decir en los párrafos anteriores.

Ah, le recuerdo que "Viernes" fue un regalo también de Cecilia y ella fue quien lo encontró en Buenos Aires.

Y con respecto a tus argumentaciones rebuscadas o insuficientes, me parece que tampoco estamos publicando ensayos monográficos para la Facultad. Pienso que, de ese modo, una nota sería un pedazo de acero infranqueable y nadie tendría mucho para decir. Suficiente con mirar donde no se ha mirado mucho y tratar de compartir una reflexión y la pasión por los poemas.

Laura P. dijo...

Sergio:
¿Se le puede llamar idea a la angustia que sentimos cerrarse en nuestras gargantas en el momento mismo en que percibimos en un verso -en dos o en todo el poema- la inmensidad del abismo de nuestra existencia? Creo que la poesía es sumamente compleja justamente desde el punto de vista emocional, porque ¿cuántos hay que no se atreven a cruzar ese puente por temor a tener que enfrentarse al espejo que la poesía nos ofrece? ¿Cuántos están dispuestos a sentir que algo se quiebra adentro? Y no hablo de un quiebre producido sólo por el dolor o la emoción… No, creo que el intelecto, en su manera de interpretar el mundo, también sufre una especie de ruptura que luego vuelve a reacomodarse pero de otro modo, en constante cambio. Y, por último, no creo que siempre queramos vernos como en un espejo en lo que leemos ya que puedo leer con el mayor de los placeres y sentirlo y comprenderlo y hasta me puedo emocionar con la lectura de un poema, que no refleje necesariamente absolutamente nada de mí.