miércoles, 11 de diciembre de 2013

La isla de la poesía: un género insular





1.La isla misteriosa

La poesía siempre fue una isla. Un género literario que, comparado con la narrativa y la dramática, nunca se sentó del todo a la mesa principal. Ínsula inaccesible para muchos y desdeñada por desconocidos e ilustres, como Platón, por caso, cuando propuso en el Libro X de la República expulsar a los poetas de la Polis griega, de ese ideal pensado por el filósofo; ya que para él los vates eran imitadores que corrompían el alma, pues se dejaban llevar por los deseos, las pasiones, alejándose así de la verdad.  Por otro lado, la isla de Lesbos albergó a la poeta Safo y sus poemas celebratorios del amor entre mujeres y, cuando fue obligada al exilio por luchas aristocráticas, resultó confinada en Siracusa, nada más y nada menos, que en otra alejada isla, la de Sicilia.

Por lo tanto, sobran los ejemplos en la historia donde los poetas y sus palabras fueron aislados de los centros de poder o de los favores del monarca de turno. Si hasta el mismo Garcilaso de la Vega fue desterrado en 1520 a una isla del Danubio por el rey Carlos I. Como también Charles Baudelaire en 1857 fue acusado y llevado a la corte por la perversión de sus versos en Las flores del mal. Además, el trágico final durante la Guerra Civil Española de poetas como Federico García Lorca y Miguel Hernández, fusilado uno y encarcelado el otro hasta la muerte, viene a confirmar un veloz repaso por las marcas vergonzantes del estado de insularidad de la poesía.

 Así, plagada de hechos desafortunados, de misterios vanos para las mentes bienpensantes y con un lenguaje nada servil, la poesía se presenta en la historia como una Atlántida que se sumerge y resurge para decir lo que no queríamos escuchar.


2.La isla del doctor Moreau

Así también, hoy en día los poetas son vistos como una «rara avis» para el mercado en esta tecnificada y voraz sociedad en la que malvivimos, como una pieza de museo o un espécimen exótico para tener encerrado en una vitrina, dignos de La isla del doctor Moreau. El ritmo vertiginoso de la información, los mensajes mediatizados y previamente digeridos, además de una mirada fragmentada de la realidad han provocado que las personas le den la espalda a la poesía. Pues el género lírico, por el contrario, requiere una lectura atenta, morosa para luego levantar la cabeza y pensar detenidamente en cada una de las palabras.

A contramano, entonces, del lenguaje adoctrinador y mercantilista, los periódicos importantes la han ido arrinconando en los suplementos culturales casi hasta la invisibilización. Hemos pasado de un Rubén Darío corresponsal encumbrado del diario La Nación a tristes apariciones «por cumplir» como «Recibidos» o «Novedades» en la actualidad; sin reseñas críticas ni entrevistas profundas a sus autores. Dejada de lado, también, para las últimas unidades en los programas de las escuelas y de las universidades, por complicada y lejana a las utilidades pedagógicas; o aporreada por maestras hasta la infantilización para enseñar «versitos» de memoria y así torturar a los alumnos. Por último, los premios nacionales e internacionales nunca son equitativos con el género poético. Las grandes editoriales privilegian únicamente a la novela por sobre cualquier otro género. La poesía solo aparece en antologías sin mucho criterio que no sea el oportunista (como la de Alfaguara sobre los 200 años de Poesía Argentina), o en casos esporádicos (como la edición de la Poesía Completa de José Saramago). Pareciera que la mera publicación de la obra fuera el único anhelo de los poetas, una limosna que las casas editoriales muy pocas veces ofrecen. Los suculentos montos de los premios de la narrativa vienen también a poner en negro sobre blanco un secreto a gritos: ¡la poesía no vende! Pero tampoco «se vende», es cierto, como proponía el poeta argentino Guillermo Boido. Es un animal esquivo a la vivisección propia de las herramientas venenosas del mercado. ¿Será esta, entonces, la causa de su brutal aislamiento?


3.La isla desierta

En cuanto a la realidad de la poesía en la Argentina, para hablar más claro, de Buenos Aires y las demás provincias; los poetas residentes en el mal llamado «Interior» resultan ser islas que escriben y lanzan sus poemas en botellas que van a la deriva: Buenos Aires es un dique donde se atoran los mensajes y les es imposible la circulación a mar abierto.  Tan grande es el poder del «continente» de la capital por sobre los islotes provincianos que cada producción promovida desde Buenos Aires se denomina como «Literatura Argentina o Nacional», en cambio, toda obra forjada en Mendoza, La Pampa, o Córdoba, es etiquetada injustamente como «Literatura Regional». El poeta salteño Santiago Sylvester califica este fenómeno como «El país amputado», una sinécdoque que nombra con la parte, el todo, sin piedad ni contemplaciones: «Me refiero, por supuesto, a la costumbre ya asentada de decir 'poesía argentina' para referirse, sin conciencia de la limitación, a la poesía de Buenos Aires y su zona de influencia…» [1]. Así, todo intento de nacionalidad integradora por parte de un poeta de provincia, solo tiene sentido si renuncia a su localía y entra a jugar de visitante bajo las luces cegadoras y homogeneizantes de la gran capital.


4.Ínsula Barataria

Pese a todo este recorrido que intenta demostrar que la poesía lleva en su ADN la marginalidad, ya que es un desvío del discurso cotidiano, tanto como blanco de burlas maliciosas: tildada de cursi, solemne y remilgada; la poesía, bien digo, tiene el poder de adaptación frente a las adversidades. Como el buen juicio de Sancho Panza ante los problemas fatuos de la ínsula Barataria.

Con respecto a nuestra provincia, la primera imagen que puede tenerse de Mendoza es que, más que una isla, este territorio siempre ha sido un puente, ya que desde los primeros tiempos de la colonia, fue paso obligado en las rutas comerciales, políticas y culturales entre las dos costas oceánicas. Aunque como algunos puentes medievales, nos tocó en suerte, uno levadizo.

Por lo tanto, Mendoza se ha encontrado con una situación de intermitencia en cuanto a las conexiones con los grandes centros culturales. Ha pasado de ser una comarca aislada a estar en fervoroso contacto con las letras vanguardistas de Chile (Pablo de Rokha, Juvencio Valle), por caso, para luego desprenderse y caer en la más pálida siesta. La doctora en Letras Marta Castellino habla acerca de: «Tradición y renovación: dos coordenadas que vertebran el discurrir de la poesía mendocina en el siglo XX», para agregar más adelante «podríamos decir que al tempo lento de las primeras décadas del siglo –en las que conviven dentro del campo poético resabios románticos decimonónicos junto con un modernismo cristalizado en estereotipos expresivos ya desechados en otros ámbitos- sucede una renovación vanguardista que, si no se adelanta a la martinfierrista, al menos se desarrolla coetánea y paralela a esta…»[2]. De este modo, comenzaron a edificar puentes sólidos, aunque solitarios y esporádicos, escritores como Ricardo Tudela con el Boletín Oeste y tiempo después la Revista de Occidente, como también formó parte del grupo Megáfono, junto al notable Jorge Enrique Ramponi, entre otros de la llamada «Generación del 25». Esto posibilitó la visita a la provincia de un ya afamado Pablo Neruda en invierno 1933. Su estadía en estos lugares fundó un mito: el de un joven Ramponi que le regala una primera versión de Piedra infinita al vate chileno, para luego ver correspondencias cercanas al plagio en Alturas del Macchu Picchu. Un puente roto que podría ser uno de los motivos por los que Ramponi se recluyó en Mendoza hasta sus últimos días. Además, la irrupción en los ‘60 del Nuevo Cancionero Popular Cuyano, con poetas como Armando Tejada Gómez a la cabeza, con un discurso más abierto, revolucionario y latinoamericanista sería otro puente tan inolvidable como fugaz. Luego vendría la larga noche de las dictaduras militares que provocó un desmembramiento y una dispersión de «poetas/islas» hasta bien entrada la década del ’80, donde apenas podemos hacer un archipiélago desconectado  con nombres como los de Julio González, Carlos Levy, Mercedes Gobbi, Raúl Silanes, Alberto Roberto Vásquez y José Luis Menéndez.


5.La isla del tesoro

 Finalmente, con el advenimiento de la democracia comenzaron a aparecer grupos parapoéticos con una mirada crítica hacia lo regionalista y folklórico. Uno de ellos fue el de Las Malas Lenguas, integrado por Teny Alós, Rubén Valle, Patricia Rodón, Luis Ábrego y Ulises Naranjo; este grupo proponía explorar nuevas formas y musicalidades del verso libre, además adoptaron el rock nacional como un sello indeleble (había sido la voz poética de la resistencia en los años de plomo) y fueron antenas decodificadoras ante la globalización, los medios masivos y la explosión de las nuevas tecnologías. Poco a poco, una conciencia de generación se fue creando y tuvo su momento de madurez compositiva en la Colección La Mesita de Luz (Editorial Diógenes, entre 1998 y 1999) publicó a la mayoría de ellos y abría el juego a voces nuevas.

Hasta llegar a los comienzos del siglo XXI, más precisamente, al espanto de la Crisis de 2001 en la Argentina, producto de las políticas neoliberales y de la corrupción. La penetración ya firme de Internet posibilitó, ante la falta de ediciones tradicionales en papel, publicar los poemas en la red; libros electrónicos que, por un lado perdían su aura de prestigio académico y hasta romántico, pero que, ahora, podían atravesar las fronteras y acabar con el aislamiento de tanto tiempo. Entonces, la poesía vivió una nueva mutación. Aprovechó todas sus carencias a su favor: por la brevedad los poemas saltaban de página en página, los blogs de poetas proliferaron, los foros posibilitaron talleres virtuales de debate y creación. Basta con escribir hoy en el buscador de Google la palabra «poesía» y 13.700.000 resultados esperan ser vistos con una esperanza inusitada. Pues Mendoza no fue ajena a este fenómeno.

Al mismo tiempo, y un poco en contradicción con el mundo digital, se crearon editoriales semi-artesanales -cartoneras en algunos casos- que aprovechaban las impresoras hogareñas o las fotocopias para armar pequeños libros de tiradas cortas. Así surgió Libros de Piedra Infinita en 2002 y luego aparecieron Protocultura, Carbónicoediciones;mza, Editorial PAN y Zediciones, entre las más sostenidas. Esto permitió un fluido circuito de presentaciones de libros, de recitales de poesía y, lo más importante, encuentros de escritores de distintas provincias, ferias del libro paralelas a las estatales,  como la del LibrE y la Indy-Gentes, sin necesidad de pasar por Buenos Aires. Los contactos por e-mail, revistas virtuales y las redes sociales permiten hasta hoy tener una llegada al mismo nivel con poetas de todo el mundo. Para llegar, en 2013, al punto más alto de deconstrucción de la insularidad: la organización del Primer Festival de Poesía de Mendoza, dirigido por el poeta Fernando G. Toledo, que permitió la visita de escritores de todo el país, de Chile, de Colombia y la rutilante figura del nicaragüense Ernesto Cardenal, aunque todo planteado desde la horizontalidad más honesta.

Por lo tanto, la actualidad nos encuentra a los poetas de  Mendoza y al resto de las provincias argentinas, no con la actitud de crear puentes culturales y mucho menos de intentar erigir una nueva centralidad, sino con el convencimiento de que hay que cavar «puentes subterráneos», túneles no tan secretos para conectarnos, sin complejos y con prepotencia de trabajo. Una actitud rizomática que permita tender una red de contención y resistencia, sin subordinaciones ni jerarquías, frente  a este confinamiento insular que ya tiene las horas contadas. Ese será el mejor de los tesoros que una isla puede guardar en sus entrañas.


***
*Leído en el I Encuentro de Escritores de Mendoza y de Brasilia. Literatura e insularidad: registros en Mendoza y en Brasilia. Espacio Julio Le Parc, Mendoza, 22 de noviembre de 2013.
[1]Santiago Sylvester, Revista Hablar de Poesía N°16, Grupo Editor Latinoamericano, año VIII, diciembre de 2006.
[2]Gustavo Zonana y Marta Castellano, Poesía argentina: dos miradas. Corregidor, Buenos Aires, 2008.



6 comentarios:

agustina randis dijo...

...esto lo escribís porque te lo pidieron.no?

Hernán Schillagi dijo...

Agustina: escribo aquí hace más de 4 años y he recopilado los ensayos en un libro. Siempre porque he querido y de temas que se me han ocurrido. Rara vez escribo a pedido, pero en esta oportunidad es como vos decís, nos pidieron a los autores de Mendoza y de Brasilia (para el encuentro que aclaro abajo) que escribiéramos sobre un tema literario acerca de la insularidad (que según los organizadores es lo que unía a las dos ciudades). Por eso elegí la poesía como género. Liliana Bodoc eligió el género fantástico, por caso, o un brasilero la literatura infantil. Otros eligieron a autores como Di Benedetto.

Es muy probable que se edite un libro con las ponencias de las jornadas del encuentro.

Espero haberte respondido lo que preguntabas.

Cayo Pastiche dijo...

Hola,Hernán :
Leí tu nota y de manera personal te quería comentar que es lerda y quedada respecto de los aconteceres más recientes que ventilas, y me parece apunta o busca legitimar un discurso que “blanquee” los cruces entre las últimas gestiones culturales estatales de la provincia y la autogestión. Quedada porque incluís errores que benefician a esta gestión de chantas y aniquiladores de toda organización por fuera de los intereses dominantes. Oficias de bobo mal escribiendo de una horizontalidad que no es tal y clausuras todas las pequeñas experiencias por “una cima”, “una corona” que a vos te tranquiliza, ya que la cabeza de este horizonte de puentes y redes es un conocido tuyo.emfim no quiero aburrir más y te dejo en señal de cordialidad estas líneas de W. Smithers, en un especial de nochedebrujas, de Los Simpsons. -…si te juntas con Drácula un día te va a pedir sangre ( si no lo hizo ya)…
claudio rosales

Hernán Schillagi dijo...

Claudio: tenés razón, me aburriste. Tu falta de argumentos y tu paranoia te acercan también, aunque desde otro lugar, a la bobería supina.

Agradezco igual la lectura atenta y los consejitos perdonavidas.


Cayo Pastiche dijo...

hola Hernán; me colgué un ratito ( buscaba argumentos), pero todos son muy enroscados y difíciles de desarrollar , (por ejemplo: que hace ECM que no atina, no hay plata, o no hay ideas …) en tu bloguera de reflexión y poesía ,entonces solo te aviso no es “Del Carbónico”, sino “carbónicoediciones;mza.” Gracias y adiós. claudio rosales

Rocio t dijo...

Hola Hernán, por las dudas ¿este texto está publicado en algún libro? De ser así, podrías pasarme el nombre, por favor. Muchas gracias.